A la Madre Teresa
A la Madre Teresa
Qué árido estaba mi jardín:
seco, árido, sin vida.
Hoy te conocí,
tuve tu mano:
cálida, arrugada, acogedora.
La luz de tu sonrisa
ilumina mi rostro.
No podía ver y me devolviste la vista,
No podía oír y ahora puedo escuchar,
No tenía emociones y ahora amo.
Mi jardín está lleno de flores:
florecientes, fructíferas, llenas de vida.
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